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· Daniela Silva Navarro
Ventajas, límites y ejemplos de composición editorial para decidir con criterio antes de mover una sola caja.
Cuando alguien empieza a maquetar una publicación digital, la primera decisión seria no es tipográfica sino estructural: cuántas columnas va a tener la página. La retícula de tres columnas y la de cuatro son las dos opciones que aparecen una y otra vez en talleres y manuales, y no porque sean las únicas, sino porque resuelven bien dos problemas distintos. Elegir mal no arruina el proyecto, pero obliga a corregir a mitad de camino, y eso se nota en el ritmo final.
La retícula de tres columnas funciona como una línea de lectura continua. El ojo recorre el ancho completo sin saltos bruscos, y queda espacio natural para notas al margen, pies comentados o llamadas breves que no interrumpen el cuerpo del texto. Es la estructura cómoda para artículos largos, ensayos y reportajes donde la voz del autor manda. Su límite aparece cuando necesitas mezclar bloques heterogéneos: una tabla, una cita destacada, una ficha de datos. Todo eso empieza a apretarse y a perder aire.
La retícula de cuatro columnas invierte la lógica. Ya no hay una sola línea dominante, sino varias combinaciones posibles: dos columnas de texto y dos de imagen, una columna ancha y tres estrechas para datos, o cuatro bloques equivalentes que se leen en cualquier orden. Es la estructura que conviene cuando la página tiene que contar varias cosas a la vez, como en portadas de sección, dosieres o páginas de proyecto. El riesgo es evidente: sin jerarquía clara, el lector no sabe por dónde empezar.
En pantalla, la diferencia se acentúa. Tres columnas se adaptan mejor a lecturas largas y a medidas de línea controladas; cuatro columnas piden más ancho útil y suelen obligar a reordenar bloques en móvil. Si el sistema va a vivir en varios formatos, conviene probar ambas retículas con el mismo contenido antes de fijar una. Cambiar de tres a cuatro columnas no exige rehacer todo: basta con revisar los anchos base, los márgenes internos y la escala de los titulares que cruzan columnas.
Un criterio práctico: si más del sesenta por ciento de la página es texto corrido, empieza por tres columnas. Si la mitad del contenido son imágenes, datos o módulos independientes, la de cuatro te dará más juego. Y si dudas, maqueta la misma doble página con las dos y compáralas en pantalla, no en papel. La decisión se vuelve evidente cuando ves el ritmo real de lectura.